Tito Puente Jr. recuerda la amistad de su padre y Celia Cruz

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Tito Puente Jr. recuerda como si fuera hoy cuando Celia Cruz iba a su casa en el Barrio Latino en Nueva York a visitar a su padre y era como si llegara un familiar querido.

Entonces, el hijo del legendario Rey de los Timbales era un niño y sentía el cariño y la sencillez de una de las cantantes más importantes en la historia de la música latina.

Dese hace 20 años, Tito Jr. vive en el sur de la Florida y su misión es difundir el legado de su padre, su música, su estilo y su imagen.

Y esa herencia se encuentra íntimamente ligada a la música afrocubana y, especialmente, a Celia, la Reina de la Salsa, con quien Tito Puente formó un tándem memorable.

“Mi padre tenía un ego descomunal y no aceptaba la menor sombra”, recuerda Tito Jr. “Con Tito Rodríguez, quien también mostraba un ego enorme, sostenían una enconada rivalidad de machos alpha, los dos eran boricuas, líderes de orquesta, se disputaban el favor del público y cada vez que subían juntos al escenario era como si chocaran dos cables de alta tensión”.

“Había mucha armonía entre ambos, mi padre se sentía cómodo con ella y solía decir: ‘Yo soy el Rey y Celia es la Reina’”, confesó Tito Jr. “Los roles estaban clarísimos en esa amistad. La generosidad de Celia, lo mismo que de su esposo Pedro Knight, hacían fácil la relación con mi padre, y a ello se sumaba que yo y mis hermanos la sentíamos como una tía”.

Para tener una idea de la real dimensión de Tito Puente habría que mencionar que luego de su muerte, el 31 de mayo del 2000, el periódico The New York Times escribió que el músico de origen puertorriqueño nacido en la Gran Manzana en 1923 se había convertido en un símbolo de la ciudad tanto como el Empire State Building, la Estatua de la Libertad y los Yankees.

Durante sus más de 60 años de vida artística, Tito Puente grabó más de 150 discos y ganó cinco Premios Grammy; tocaba los timbales, el vibráfono, la marimba, el bongó, la tumba y el bajo; compuso canciones que traspasaron las fronteras, como “Oye como va”, que en la interpretación de Carlos Santana se convirtió en un himno de los jóvenes en la década de los años 70. Su vida se reflejó en películas como The Mambo Kings y Calle 54 y fue invitado especial en grandes programas de televisión como Sesame Street y The Simpsons.

“Mi papá era un genio: compositor, arreglista, interprete, productor y showman”, comentó Tito Jr. “Cuando me convertí en un adolescente aproveché mis vacaciones escolares para acompañarlo en sus giras. Ibamos a Japón, Holanda, Francia y muchos otros países. Yo cargaba los timbales y la vida se desarrollaba a toda velocidad. ‘No tengo tiempo para enseñarte a tocar los timbales’, solía decirme. ‘Mira y aprende’, agregaba”.

Tito Jr. cuenta que su padre había aprendido a tocar en la calle viendo y escuchando a los muchachos del barrio y en cierta forma quería trasladar a su hijo ese aprendizaje autodidacta, esa libertad para escoger su propio destino sin influencias que predeterminaran el sentimiento musical.

En su autobiografía Celia, mi vida, la “Guarachera de Cuba” reveló que una noche poco antes de salir al escenario en el teatro Gran Rex en Buenos Aires se enteró de la muerte de su gran amigo, y le rindió tributo no solo como su compañero en los escenarios sino por su invalorable aporte para la difusión de la música afrocubana.

Apenas regresó a Nueva York, Celia enrumbó a su departamento y empezó a revisar los mensajes que le habían dejado.

“Quedé impactada al escuchar que Tito me había dejado un mensaje, sobre todo porque Tito no era el tipo de persona que dejaba mensajes”, recordó Celia. “Oí su voz diciéndome: ‘Hasta luego, mi negra’. Fue terrible porque me di cuenta de que me había llamado justo antes de morir. Esas son las últimas palabras que tengo de él. Hasta el día de hoy mantengo esa grabación guardada en mi caja fuerte”.

Celia murió el 16 de julio del 2003.

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